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CONOCIENDO LOS PRINCIPIOS DE AUTORIDAD parte 5

CONOCIENDO LOS PRINCIPIOS DE AUTORIDAD




Juan 17
24 Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo.
25 Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste.
26 Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.

LAS LEYES POR LAS QUE SE RIGE LA AUTORIDAD

Cuando la ignorancia está en el corazón del hombre, y el desorden en el espíritu, las leyes llegan a ser muy numerosas.

Los hombres esperan todo de la ley de Dios, y piden sin entendimiento a la ley lo que sólo puede venir de ellos mismos, y esto es la obediencia a la palabra.

Entre más necio sea el corazón del hombre más leyes necesita para mantenerse en las cosas de Dios.

Mateo 22
36 Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?
37 Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.
38 Este es el primero y grande mandamiento.
39 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
40 De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.


Una ley es considerada como un remedio a todos los males.
Cuando lo único que hace es manifestar la verdad de lo que hay en el corazón del hombre En lugar de cambiar uno lo que considera malo, empieza por pedir una ley que lo cambie.


Estamos tan deteriorados por una educación que desde nuestra más tierna edad tiende a matar en nosotros el espíritu de autoridad.

Porque cuando tú tienes autoridad sobre el pecado, y sobre la verdadera libertad, tu vida se moverá solo a través de dos mandamientos. Amar a Dios, y amar a tu prójimo como a ti mismo.

Hace miles de años que se repiten, en todos los términos conocidos: respeto a la ley, y obediencia a la autoridad.
Se nos ha educado bajo el cuadro de ese sentimiento; en la iglesia se nos insta o se nos fortalece para que obedezcamos la ley.

Zacarías 13
5 Y dirá: No soy profeta; labrador soy de la tierra, pues he estado en el campo desde mi juventud.
6 Y le preguntarán: ¿Qué heridas son estas en tus manos? Y él responderá: Con ellas fui herido en casa de mis amigos.

Haciendo de la ley un culto, como si fuera más importante la ley que el hacedor de la ley.
Uniendo; que tu estas bien si cumples la ley de Dios, y hacemos de esto una divinidad.

Mateo 16
3 Y por la mañana: Hoy habrá tempestad; porque tiene arreboles el cielo nublado. ¡Hipócritas! que sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡mas las señales de los tiempos no podéis!
4 La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Y dejándolos, se fue.
El Señor Jesús muestra de una manera muy clara la diferencia entre un complidor de la ley, y uno que a entendido la graca
Mateo 23
13 Más ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando.
14 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque devoráis las casas de las viudas, y como pretexto hacéis largas oraciones; por esto recibiréis mayor condenación.
15 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros.
16 ¡Ay de vosotros, guías ciegos! que decís: Si alguno jura por el templo, no es nada; pero si alguno jura por el oro del templo, es deudor.
17 ¡Insensatos y ciegos! porque ¿cuál es mayor, el oro, o el templo que santifica al oro?
18 También decís: Si alguno jura por el altar, no es nada; pero si alguno jura por la ofrenda que está sobre él, es deudor.
19 ¡Necios y ciegos! porque ¿cuál es mayor, la ofrenda, o el altar que santifica la ofrenda?
20 Pues el que jura por el altar, jura por él, y por todo lo que está sobre él;
21 y el que jura por el templo, jura por él, y por el que lo habita;
22 y el que jura por el cielo, jura por el trono de Dios, y por aquel que está sentado en él.
23 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello.
24 ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito, y tragáis el camello!
25 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia.
26 ¡Fariseo ciego! Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio.
27 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, más por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia.
28 Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad.
29 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque edificáis los sepulcros de los profetas, y adornáis los monumentos de los justos,


Entonces la ley no puede ser superior al hacedor de ley,
La ley siempre será más importante para aquel que no ha entendido de qué se trata el evangelio, o aquel que sabe que no necesita ley para amar a Dios, y entregar su vida por completo a él. Y aunque cumple toda una ley, para él no es cumplir esa ley sino una ofrenda de adoración a aquel que ama su alma.

Por cuanto el que le ha conocido, ha nacido de nuevo, y sabe quién es el Padre, y Dios ha puesto su ley en el corazón de él.


Y toda la ley de Dios se resume en dos mandamientos, y en lo que hiso proféticamente Moisés.

Éxodo 33
17 Y Jehová dijo a Moisés: También haré esto que has dicho, por cuanto has hallado gracia en mis ojos, y te he conocido por tu nombre.
18 El entonces dijo: Te ruego que me muestres tu gloria.
19 Y le respondió: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente.
20 Dijo más: No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá.
21 Y dijo aún Jehová: He aquí un lugar junto a mí, y tú estarás sobre la peña;
22 y cuando pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado.
23 Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; mas no se verá mi rostro.

Esta es la clave, de por qué no es por obras (leyes) sino por gracia que somos salvos y por gracia es que veremos la gloria de Dios.

Moisés se adelanto para ver la salvación del hombre, y aun que solo la vio en parte. Dios le mostro su gloria, pero para que el viera la gloria, tuvo que ser puesto en la peña, en la hendidura de la peña más específicamente.

Juan 14
9 Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?
10 No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras.

Moisés vio solo la peña porque la mano de JEHOVÁ estuvo sobre la peña. Pero el Señor dijo

Juan 20
24 Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino.
25 Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. El les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré.

Tú eres puesto en la hendidura; la mano te sella para no morir.

Isaías 53
5 Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

1 Pedro 2
24 quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.

El padre te está preparando a cosas mayores, porque el evangelio no es para el pensamiento griego, sino para el que está en la peña. Y estar en la peña no es cumplir la ley sino ser un hombre y una mujer que pude ver al padre sin morir por su pecado.

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